{"id":1185,"date":"2026-09-25T09:00:00","date_gmt":"2026-09-25T07:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/doblemirada.es\/?p=1185"},"modified":"2026-09-21T09:31:58","modified_gmt":"2026-09-21T07:31:58","slug":"de-quien-es-una-ciudad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/doblemirada.es\/index.php\/2026\/09\/25\/de-quien-es-una-ciudad\/","title":{"rendered":"\u00bfDe qui\u00e9n es una ciudad?"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-group is-layout-flow wp-block-group-is-layout-flow\"><div class=\"taxonomy-post_tag wp-block-post-terms has-x-large-font-size\"><a href=\"https:\/\/doblemirada.es\/index.php\/tag\/jennifer-gonzalez-vera\/\" rel=\"tag\">Jennifer Gonz\u00e1lez Vera<\/a><\/div>\n\n\n<p data-wp-context---core-fit-text=\"core\/fit-text::{&quot;fontSize&quot;:&quot;&quot;}\" data-wp-init---core-fit-text=\"core\/fit-text::callbacks.init\" data-wp-interactive data-wp-style--font-size=\"core\/fit-text::context.fontSize\" class=\"has-fit-text wp-block-paragraph\" style=\"text-transform:uppercase\"><strong>\u00bfDe qui\u00e9n es una ciudad?&nbsp;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p data-wp-context---core-fit-text=\"core\/fit-text::{&quot;fontSize&quot;:&quot;&quot;}\" data-wp-init---core-fit-text=\"core\/fit-text::callbacks.init\" data-wp-interactive data-wp-style--font-size=\"core\/fit-text::context.fontSize\" class=\"has-fit-text wp-block-paragraph\" style=\"text-transform:uppercase\">DI CHI \u00c8 UNA CITT\u00c0?<\/p>\n<\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-3a88641f wp-block-columns-is-layout-flex\">\n<div class=\"wp-block-column has-large-font-size is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\">\n<h2 data-wp-context---core-fit-text=\"core\/fit-text::{&quot;fontSize&quot;:&quot;&quot;}\" data-wp-init---core-fit-text=\"core\/fit-text::callbacks.init\" data-wp-interactive data-wp-style--font-size=\"core\/fit-text::context.fontSize\" id=\"ESPA\u00d1OL\" class=\"wp-block-heading has-fit-text\"><strong>ESPA\u00d1OL<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Jean-Claude Izzo, Marsella y las fronteras de la pertenencia&nbsp;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Marsella lleva m\u00e1s de dos mil a\u00f1os viendo llegar gente; tal vez por eso resulte dif\u00edcil explicar qui\u00e9n es verdaderamente de all\u00ed. Basta acercarse al Vieux-Port para comprender que la pregunta tiene algo de trampa: durante siglos han entrado por ese mismo Mediterr\u00e1neo mercanc\u00edas, marineros, trabajadores, refugiados y familias cargando con aquello que pod\u00edan transportar. Italianos, espa\u00f1oles, armenios, corsos, argelinos, tunecinos, marroqu\u00edes\u2026 Cada llegada ha dejado algo detr\u00e1s \u2014una palabra, un apellido, una receta, una forma de ocupar la calle\u2014 y la ciudad que hoy llamamos Marsella tambi\u00e9n est\u00e1 construida con todo aquello que alguna vez vino de fuera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Jean-Claude Izzo lo sab\u00eda especialmente bien. Naci\u00f3 en Marsella en 1945, hijo de padre italiano y madre de ascendencia espa\u00f1ola, y esa condici\u00f3n mediterr\u00e1nea, mestiza y popular atravesar\u00eda su literatura. Cuando en 1995 public\u00f3 <em>Total Kh\u00e9ops<\/em>, primera entrega de la conocida Trilog\u00eda de Marsella, no necesit\u00f3 inventar una ciudad sobre la que colocar una historia criminal, porque ten\u00eda delante una mucho m\u00e1s contradictoria: hermosa y \u00e1spera, hospitalaria y violenta, orgullosa de su mezcla y, al mismo tiempo, capaz de levantar fronteras entre quienes compart\u00edan sus mismas calles.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En ese territorio aparece Fabio Montale, polic\u00eda, hijo de inmigrantes italianos y, sobre todo, marsell\u00e9s. Junto a \u00e9l regresan Manu y Ugo, amigos de juventud con quienes comparti\u00f3 barrio, adolescencia y esa clase de amistad que se construye cuando todav\u00eda creemos que crecer juntos significa permanecer juntos. <\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Los tres pertenecen a una generaci\u00f3n formada en los m\u00e1rgenes de una ciudad donde el origen, el barrio y las oportunidades pod\u00edan pesar m\u00e1s de lo que uno estaba dispuesto a reconocer; es ah\u00ed donde Izzo empieza a incomodar, porque pertenecer parece sencillo hasta que alguien nos obliga a demostrarlo.<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nacer en una ciudad concede un lugar administrativo; crecer en ella construye recuerdos; conocer sus calles proporciona intimidad. Sin embargo, ninguna de esas cosas garantiza que los dem\u00e1s est\u00e9n dispuestos a reconocernos como parte del mismo <em>nosotros<\/em>: se puede hablar con el mismo acento, haber estudiado en las mismas escuelas, frecuentar los mismos bares y mirar el mismo mar y, aun as\u00ed, continuar respondiendo, generaci\u00f3n tras generaci\u00f3n, a la pregunta de d\u00f3nde viene realmente tu familia. Es entonces cuando el origen deja de ser una an\u00e9cdota para convertirse en frontera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Total Kh\u00e9ops<\/em> se mueve precisamente sobre esas l\u00edneas. Izzo escribe sobre amistad, delincuencia, racismo, crimen organizado y exclusi\u00f3n desde personajes que no observan Marsella desde fuera, sino que la conocen porque la han vivido: saben qu\u00e9 calles ofrecen refugio, reconocen sus c\u00f3digos y han aprendido que una misma ciudad puede abrir caminos para unos mientras los estrecha para otros. Pese a todo, siguen llam\u00e1ndola casa, y quiz\u00e1 ah\u00ed se encuentre una de las contradicciones m\u00e1s interesantes de Izzo: podemos pertenecer profundamente a un lugar que no siempre est\u00e1 dispuesto a pertenecernos de vuelta.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El Mediterr\u00e1neo lleva siglos alimentando esa contradicci\u00f3n: une y separa, acerca territorios y marca fronteras, permite contemplar la otra orilla y, al mismo tiempo, recuerda que alcanzarla no significa necesariamente poder quedarse. Por eso regresar hoy a Fabio Montale produce una sensaci\u00f3n extra\u00f1a, porque algunas preguntas han envejecido mucho menos que los coches, los tel\u00e9fonos o los bares de aquellas novelas.<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfCu\u00e1ndo deja alguien de ser quien lleg\u00f3? \u00bfDespu\u00e9s de diez a\u00f1os, de veinte, cuando nacen sus hijos? \u00bfCuando trabaja, se enamora, discute con sus vecinos y empieza a recordar c\u00f3mo era aquella calle antes de que cambiaran los comercios? \u00bfO existe alguna clase de extranjero al que nunca permitimos terminar de llegar? Izzo no necesita responder; le basta con mostrarnos a quienes viven dentro de la pregunta, una cuesti\u00f3n que se complica todav\u00eda m\u00e1s cuando quienes llegaron ayer se convierten en quienes observan llegar a otros.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La integraci\u00f3n nunca ocurre al mismo ritmo para todos. Montale puede convivir con su origen italiano sin tener que elegir constantemente entre ser hijo de inmigrantes y ser marsell\u00e9s; a su alrededor, sin embargo, otros descubren que pertenecer depende tambi\u00e9n del apellido, el barrio, la situaci\u00f3n econ\u00f3mica y, sobre todo, de la mirada que los dem\u00e1s proyectan sobre ellos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En <em>Total Kh\u00e9ops<\/em> no encontramos un discurso sociol\u00f3gico sobre esa desigualdad, sino que la descubrimos en las relaciones. Montale, Manu y Ugo comparten una juventud marcada por el barrio y por una sensaci\u00f3n de margen, pero una historia com\u00fan no garantiza un destino com\u00fan: con los a\u00f1os sus caminos se fragmentan y el pasado, como suele ocurrir cuando creemos haberlo dejado suficientemente lejos, termina regresando.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Izzo podr\u00eda explicarlo todo mediante decisiones individuales, y ser\u00eda c\u00f3modo hacerlo, pero una decisi\u00f3n nunca ocurre en el vac\u00edo. <\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Importan la familia y las oportunidades, el dinero y el miedo, qui\u00e9n ofrece una salida y qui\u00e9n ofrece antes otra cosa; nada de ello elimina la responsabilidad individual, porque sus personajes se equivocan, hacen da\u00f1o y cargan con las consecuencias. Sin embargo, comprender un recorrido no significa justificarlo; significa negarse a explicar una vida \u00fanicamente desde su peor decisi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Estamos acostumbrados a conocer al delincuente desde el final de su historia, cuando ya existe una v\u00edctima, una investigaci\u00f3n, un expediente o una condena; Izzo, en cambio, obliga a retroceder y a recordar que antes del delito hubo un muchacho, unos amigos, una familia que tambi\u00e9n hab\u00eda llegado de alguna parte, unas posibilidades y unos l\u00edmites. La ciudad deja entonces de dividirse c\u00f3modamente entre buenos y malos, del mismo modo que empieza a resultar m\u00e1s dif\u00edcil dividirla entre propios y extra\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Porque, adem\u00e1s de las fronteras jur\u00eddicas, territoriales y administrativas, existe otra mucho m\u00e1s dif\u00edcil de dibujar: la que construimos alrededor del <em>nosotros<\/em>. Esa frontera no aparece en los mapas; puede atravesar una calle, un colegio o incluso una familia, desplaz\u00e1ndose con el tiempo y modificando sus criterios. <\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Hay grupos que un d\u00eda estuvieron fuera y que generaciones despu\u00e9s forman parte indiscutible de una ciudad; otros contin\u00faan teniendo que explicar de d\u00f3nde vienen aunque nunca hayan vivido en ning\u00fan otro lugar.<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tal vez el verdadero problema comience cuando olvidamos que nuestras ciudades no aparecieron terminadas, sino que tambi\u00e9n fueron construidas por quienes llegaron. Algunas costumbres que hoy defendemos como propias nacieron de mezclas anteriores, y la distancia entre <em>ellos<\/em> y <em>nosotros<\/em> puede ser mucho m\u00e1s reciente de lo que parece. Aceptar esa memoria no obliga a negar los conflictos que nuevas llegadas pueden provocar; obliga, m\u00e1s bien, a formular una pregunta m\u00e1s dif\u00edcil: \u00bfqu\u00e9 hacemos con nuestra memoria cuando somos nosotros quienes estamos esperando en la otra orilla?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mientras escribo estas l\u00edneas, Marsella queda a m\u00e1s de mil kil\u00f3metros de distancia y Jean-Claude Izzo lleva m\u00e1s de veinticinco a\u00f1os muerto; sin embargo, algunas de sus preguntas siguen viajando. Hay que bajar por el Mediterr\u00e1neo y detenerse en uno de esos lugares donde la geograf\u00eda deja de ser \u00fanicamente geograf\u00eda, all\u00ed donde Europa y \u00c1frica se observan desde una distancia tan peque\u00f1a que cuesta comprender todo lo que puede caber entre ambas: Ceuta, agosto de 2026.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A finales de julio, decenas de miles de personas cruzaron la frontera desde Marruecos en una entrada de dimensiones excepcionales. Miles permanecieron posteriormente en una ciudad de apenas veinte kil\u00f3metros cuadrados que trataba de responder, al mismo tiempo, a una emergencia migratoria, humanitaria, de seguridad y de convivencia. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hubo personas que murieron intentando alcanzar territorio espa\u00f1ol y algunas contin\u00faan sin identidad conocida; las primeras v\u00edctimas enterradas en el cementerio musulm\u00e1n de Sidi Embarek tuvieron que ser se\u00f1aladas mediante n\u00fameros mientras se trataba de averiguar qui\u00e9nes hab\u00edan sido. Un n\u00famero donde deber\u00eda haber un nombre resulta una imagen dif\u00edcil de ignorar cuando hablamos de lo que significa llegar sin haber conseguido todav\u00eda pertenecer.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Pero detener la mirada ah\u00ed ser\u00eda demasiado sencillo, porque al otro lado de la misma historia est\u00e1n quienes ya estaban.<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"> Ceuta ha vivido semanas de enorme presi\u00f3n, en las que el miedo, la saturaci\u00f3n, los recursos tensionados y la sensaci\u00f3n de abandono han convivido con agresiones, enfrentamientos y ataques contra asentamientos de migrantes; una combinaci\u00f3n peligrosa que recuerda hasta qu\u00e9 punto, cuando el miedo ocupa demasiado espacio, la convivencia puede romperse.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nada de esto admite una lectura c\u00f3moda. Ser\u00eda f\u00e1cil repartir los papeles entre v\u00edctimas y culpables; mucho m\u00e1s dif\u00edcil resulta aceptar que una crisis de esta magnitud puede reunir sufrimientos diferentes sin que reconocer uno obligue a negar el otro. Quien cruza una frontera puede hacerlo empujado por circunstancias que apenas alcanzamos a imaginar, mientras que quien vive junto a ella tambi\u00e9n puede temer que su ciudad deje de funcionar como la conoc\u00eda; comprender una cosa no cancela la otra, del mismo modo que comprender el miedo nunca puede significar justificar la violencia.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Es precisamente aqu\u00ed donde vuelve Marsella, no porque <em>Total Kh\u00e9ops<\/em> explique Ceuta \u2014no lo hace\u2014 ni porque podamos trasladar sin m\u00e1s la Marsella de los noventa a la realidad espa\u00f1ola de 2026, pues hacerlo supondr\u00eda reducir dos lugares, dos momentos y miles de experiencias a una comparaci\u00f3n demasiado f\u00e1cil. Izzo sirve para otra cosa: para recordarnos que las ciudades tienen memoria.<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ceuta plantea hoy una situaci\u00f3n distinta, extrema y todav\u00eda abierta, pero recupera una pregunta que atravesaba ya la Marsella de Montale: \u00bfcu\u00e1ndo empieza alguien a pertenecer? Las leyes pueden determinar qui\u00e9n tiene derecho a permanecer en un territorio; los Estados necesitan fronteras, las ciudades necesitan recursos y las comunidades necesitan seguridad, por lo que ninguna reflexi\u00f3n literaria deber\u00eda ignorar la complejidad real que supone gestionar la llegada repentina de miles de personas. Existe, sin embargo, algo que ninguna frontera administrativa puede resolver por completo: la pertenencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Porque pertenecer no ocurre en una aduana, sino despu\u00e9s: cuando una calle empieza a resultarnos conocida, encontramos trabajo, alguien aprende nuestro nombre o nuestros hijos recuerdan como infancia aquello que para nosotros todav\u00eda era un lugar extranjero; quiz\u00e1 tambi\u00e9n cuando enterramos all\u00ed a nuestros muertos. Por eso resulta dif\u00edcil contemplar las tumbas numeradas de Ceuta sin regresar a la pregunta con la que comenz\u00e1bamos en Marsella: \u00bfde qui\u00e9n es una ciudad?<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Tal vez nos hemos equivocado al formularla, porque una ciudad no necesita tener due\u00f1o, sino habitantes capaces de compartirla. <\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Eso no significa negar fronteras, ignorar las leyes ni exigir a una comunidad que soporte aquello para lo que no dispone de recursos; tampoco significa romantizar la inmigraci\u00f3n desde la comodidad de quien nunca ha tenido que gestionar sus consecuencias. Significa recordar algo mucho m\u00e1s elemental: antes de ser una cifra, alguien tuvo un nombre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Izzo escribi\u00f3 una Marsella que nunca termin\u00f3 de resolver qui\u00e9n pertenec\u00eda completamente a ella, quiz\u00e1 porque comprendi\u00f3 que las ciudades mediterr\u00e1neas llevan siglos haci\u00e9ndose esa pregunta. Hoy Marsella queda al norte y Ceuta mucho m\u00e1s al sur; entre ambas contin\u00faa el mismo mar, uno que durante siglos ha llevado mercanc\u00edas, lenguas, guerras, familias, religiones, huidas y esperanzas de una orilla a otra, unas veces uniendo y otras separando, aunque quiz\u00e1 lo m\u00e1s profundamente mediterr\u00e1neo sea que tantas veces haya hecho ambas cosas al mismo tiempo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Despu\u00e9s de cerrar <em>Total Kh\u00e9ops<\/em>, por tanto, podemos atrevernos con una \u00faltima pregunta: \u00bfcu\u00e1nto tiempo necesita un desconocido para convertirse en uno de los nuestros? Izzo no dej\u00f3 una respuesta y Ceuta tampoco puede d\u00e1rnosla todav\u00eda; mientras tanto, el Mediterr\u00e1neo contin\u00faa entre las dos orillas y nosotros seguimos decidiendo desde cu\u00e1l queremos mirar.<\/h2>\n<\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-column has-large-font-size is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\">\n<h2 data-wp-context---core-fit-text=\"core\/fit-text::{&quot;fontSize&quot;:&quot;&quot;}\" data-wp-init---core-fit-text=\"core\/fit-text::callbacks.init\" data-wp-interactive data-wp-style--font-size=\"core\/fit-text::context.fontSize\" id=\"italiano\" class=\"wp-block-heading has-fit-text\"><strong>ITALIANO<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Jean-Claude Izzo, Marsiglia e i confini dell\u2019appartenenza<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Marsiglia vede arrivare persone da pi\u00f9 di duemila anni; forse \u00e8 proprio per questo che \u00e8 difficile spiegare chi sia davvero di l\u00ec. Basta avvicinarsi al Vieux-Port per capire che la domanda nasconde un\u2019insidia: per secoli, attraverso quello stesso Mediterraneo, sono entrati merci, marinai, lavoratori, rifugiati e famiglie che trasportavano con s\u00e9 ci\u00f2 che riuscivano a portare. Italiani, spagnoli, armeni, corsi, algerini, tunisini, marocchini\u2026 Ogni arrivo ha lasciato qualcosa dietro di s\u00e9 \u2014 una parola, un cognome, una ricetta, un modo di vivere la strada \u2014 e la citt\u00e0 che oggi chiamiamo Marsiglia \u00e8 costruita anche con tutto ci\u00f2 che un tempo veniva da fuori.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Jean-Claude Izzo lo sapeva particolarmente bene. Nacque a Marsiglia nel 1945, figlio di padre italiano e madre di origine spagnola, e questa condizione mediterranea, meticcia e popolare attravers\u00f2 tutta la sua letteratura. Quando nel 1995 pubblic\u00f2&nbsp;<em>Total Kh\u00e9ops<\/em>, primo capitolo della celebre Trilogia di Marsiglia, non ebbe bisogno di inventare una citt\u00e0 sulla quale costruire una storia criminale, perch\u00e9 aveva davanti a s\u00e9 una realt\u00e0 molto pi\u00f9 contraddittoria: bella e aspra, ospitale e violenta, orgogliosa della propria mescolanza e, allo stesso tempo, capace di erigere frontiere tra persone che condividevano le stesse strade.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">In questo territorio compare Fabio Montale, poliziotto, figlio di immigrati italiani e, soprattutto, marsigliese. Insieme a lui tornano Manu e Ugo, amici d\u2019infanzia con cui ha condiviso il quartiere, l\u2019adolescenza e quel tipo di amicizia che si costruisce quando ancora crediamo che crescere insieme significhi rimanere insieme. <\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">I tre appartengono a una generazione cresciuta ai margini di una citt\u00e0 in cui l\u2019origine, il quartiere e le opportunit\u00e0 potevano pesare pi\u00f9 di quanto si fosse disposti ad ammettere; \u00e8 qui che Izzo comincia a mettere a disagio, perch\u00e9 appartenere sembra semplice finch\u00e9 qualcuno non ci costringe a dimostrarlo.<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nascere in una citt\u00e0 concede un luogo amministrativo; crescere al suo interno costruisce ricordi; conoscere le sue strade offre intimit\u00e0. Tuttavia, nessuna di queste cose garantisce che gli altri siano disposti a riconoscerci come parte dello stesso noi: si pu\u00f2 parlare con lo stesso accento, aver studiato nelle stesse scuole, frequentare gli stessi bar e guardare lo stesso mare e, nonostante tutto, continuare a rispondere, generazione dopo generazione, alla domanda da dove venga davvero la propria famiglia. \u00c8 allora che l\u2019origine smette di essere un aneddoto e diventa una frontiera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Total Kh\u00e9ops<\/em>&nbsp;si muove precisamente lungo queste linee. Izzo scrive di amicizia, criminalit\u00e0, razzismo, crimine organizzato ed esclusione attraverso personaggi che non osservano Marsiglia dall\u2019esterno, ma la conoscono perch\u00e9 l\u2019hanno vissuta: sanno quali strade offrono rifugio, riconoscono i suoi codici e hanno imparato che una stessa citt\u00e0 pu\u00f2 aprire delle possibilit\u00e0 per alcuni mentre le restringe per altri. Nonostante tutto, continuano a chiamarla casa, e forse \u00e8 proprio qui che si trova una delle contraddizioni pi\u00f9 interessanti di Izzo: possiamo appartenere profondamente a un luogo che non \u00e8 sempre disposto a sentirlo come proprio.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Il Mediterraneo alimenta da secoli questa contraddizione: unisce e separa, avvicina territori e traccia confini, permette di contemplare l\u2019altra sponda e, allo stesso tempo, ricorda che raggiungerla non significa necessariamente potervi restare. Per questo tornare oggi a Fabio Montale produce una sensazione strana, perch\u00e9 alcune domande sono invecchiate molto meno delle automobili, dei telefoni o dei bar di quei romanzi.<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Quando smette qualcuno di essere colui che \u00e8 arrivato? Dopo dieci anni, dopo venti, quando nascono i suoi figli? Quando lavora, si innamora, litiga con i vicini e comincia a ricordare com\u2019era quella strada prima che cambiassero i negozi? Oppure esiste una sorta di straniero a cui non permettiamo mai di arrivare fino in fondo? Izzo non ha bisogno di rispondere; gli basta mostrarci persone che vivono dentro questa domanda, una questione che si complica ancora di pi\u00f9 quando coloro che sono arrivati ieri diventano quelli che osservano arrivare altri.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">L\u2019integrazione non avviene mai allo stesso ritmo per tutti. Montale pu\u00f2 convivere con la propria origine italiana senza dover scegliere continuamente tra essere figlio di immigrati ed essere marsigliese; intorno a lui, invece, altri scoprono che appartenere dipende anche dal cognome, dal quartiere, dalla condizione economica e, soprattutto, dallo sguardo che gli altri proiettano su di loro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">In&nbsp;<em>Total Kh\u00e9ops<\/em>&nbsp;non troviamo un discorso sociologico su questa disuguaglianza, ma la scopriamo attraverso le relazioni. Montale, Manu e Ugo condividono una giovinezza segnata dal quartiere e da una sensazione di marginalit\u00e0, ma una storia comune non garantisce un destino comune: con gli anni le loro strade si dividono e il passato, come spesso accade quando crediamo di averlo lasciato abbastanza lontano, finisce per tornare.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Izzo avrebbe potuto spiegare tutto attraverso le decisioni individuali, e sarebbe stato comodo farlo, ma una decisione non avviene mai nel vuoto. <\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Contano la famiglia e le opportunit\u00e0, il denaro e la paura, chi offre una via d\u2019uscita e chi, prima ancora, offre qualcos\u2019altro; nulla di questo elimina la responsabilit\u00e0 individuale, perch\u00e9 i suoi personaggi sbagliano, fanno del male e devono affrontarne le conseguenze. Tuttavia, comprendere un percorso non significa giustificarlo; significa rifiutarsi di spiegare una vita unicamente attraverso la sua decisione peggiore.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Siamo abituati a conoscere il criminale alla fine della sua storia, quando esistono gi\u00e0 una vittima, un\u2019indagine, un fascicolo o una condanna; Izzo, invece, ci costringe a tornare indietro e a ricordare che prima del reato c\u2019erano un ragazzo, degli amici, una famiglia che a sua volta era arrivata da qualche parte, delle possibilit\u00e0 e dei limiti. La citt\u00e0 smette allora di dividersi comodamente tra buoni e cattivi, cos\u00ec come diventa pi\u00f9 difficile dividerla tra propri ed estranei.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Perch\u00e9, oltre alle frontiere giuridiche, territoriali e amministrative, ne esiste un\u2019altra molto pi\u00f9 difficile da tracciare: quella che costruiamo intorno al noi. Questa frontiera non compare sulle mappe; pu\u00f2 attraversare una strada, una scuola o persino una famiglia, spostandosi nel tempo e modificando i propri criteri. <\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Ci sono gruppi che un giorno erano fuori e che, generazioni dopo, diventano parte indiscutibile di una citt\u00e0; altri continuano a dover spiegare da dove vengono, anche se non hanno mai vissuto in nessun altro luogo.<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Forse il vero problema comincia quando dimentichiamo che le nostre citt\u00e0 non sono apparse gi\u00e0 compiute, ma sono state costruite anche da coloro che sono arrivati. Alcune abitudini che oggi difendiamo come proprie sono nate da mescolanze precedenti, e la distanza tra loro e noi pu\u00f2 essere molto pi\u00f9 recente di quanto sembri. Accettare questa memoria non obbliga a negare i conflitti che nuovi arrivi possono provocare; obbliga piuttosto a formulare una domanda pi\u00f9 difficile: cosa facciamo della nostra memoria quando siamo noi ad aspettare sull\u2019altra sponda?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mentre scrivo queste righe, Marsiglia si trova a pi\u00f9 di mille chilometri di distanza e Jean-Claude Izzo \u00e8 morto da pi\u00f9 di venticinque anni; eppure alcune delle sue domande continuano a viaggiare. Bisogna scendere lungo il Mediterraneo e fermarsi in uno di quei luoghi in cui la geografia smette di essere soltanto geografia, l\u00e0 dove Europa e Africa si osservano da una distanza cos\u00ec piccola che \u00e8 difficile comprendere tutto ci\u00f2 che pu\u00f2 stare tra le due: Ceuta, agosto 2026.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Alla fine di luglio, decine di migliaia di persone hanno attraversato il confine dal Marocco in un ingresso di dimensioni eccezionali. Migliaia sono rimaste successivamente in una citt\u00e0 di appena venti chilometri quadrati che cercava di rispondere, contemporaneamente, a un\u2019emergenza migratoria, umanitaria, di sicurezza e di convivenza. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ci sono state persone morte nel tentativo di raggiungere il territorio spagnolo e alcune continuano a non avere un\u2019identit\u00e0 conosciuta; le prime vittime sepolte nel cimitero musulmano di Sidi Embarek hanno dovuto essere indicate attraverso dei numeri mentre si cercava di scoprire chi fossero. Un numero l\u00e0 dove dovrebbe esserci un nome \u00e8 un\u2019immagine difficile da ignorare quando parliamo di cosa significhi arrivare senza essere ancora riusciti ad appartenere.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Ma fermare lo sguardo l\u00ec sarebbe troppo semplice, perch\u00e9 dall\u2019altra parte della stessa storia ci sono coloro che erano gi\u00e0 l\u00ec. <\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ceuta ha vissuto settimane di enorme pressione, durante le quali paura, saturazione, risorse messe a dura prova e senso di abbandono hanno convissuto con aggressioni, scontri e attacchi contro gli insediamenti dei migranti; una combinazione pericolosa che ricorda fino a che punto, quando la paura occupa troppo spazio, la convivenza possa spezzarsi.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nulla di tutto questo ammette una lettura comoda. Sarebbe facile distribuire i ruoli tra vittime e colpevoli; molto pi\u00f9 difficile \u00e8 accettare che una crisi di questa portata possa riunire sofferenze diverse senza che riconoscerne una significhi negare l\u2019altra. Chi attraversa una frontiera pu\u00f2 farlo spinto da circostanze che riusciamo a malapena a immaginare, mentre chi vive accanto a quella frontiera pu\u00f2 temere che la propria citt\u00e0 smetta di funzionare come l\u2019aveva conosciuta; comprendere una cosa non cancella l\u2019altra, cos\u00ec come comprendere la paura non pu\u00f2 mai significare giustificare la violenza.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">\u00c8 proprio qui che torna Marsiglia, non perch\u00e9&nbsp;<em>Total Kh\u00e9ops<\/em>&nbsp;spieghi Ceuta \u2014 non lo fa \u2014 n\u00e9 perch\u00e9 possiamo trasferire senza mediazioni la Marsiglia degli anni Novanta nella realt\u00e0 spagnola del 2026, perch\u00e9 farlo significherebbe ridurre due luoghi, due momenti e migliaia di esperienze a un confronto troppo facile. Izzo serve a qualcos\u2019altro: a ricordarci che le citt\u00e0 hanno memoria.<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ceuta pone oggi una situazione diversa, estrema e ancora aperta, ma ripropone una domanda che attraversava gi\u00e0 la Marsiglia di Montale: quando comincia qualcuno ad appartenere? Le leggi possono stabilire chi ha il diritto di restare in un territorio; gli Stati hanno bisogno di frontiere, le citt\u00e0 hanno bisogno di risorse e le comunit\u00e0 hanno bisogno di sicurezza, perci\u00f2 nessuna riflessione letteraria dovrebbe ignorare la complessit\u00e0 reale che comporta gestire l\u2019arrivo improvviso di migliaia di persone. Esiste, tuttavia, qualcosa che nessuna frontiera amministrativa pu\u00f2 risolvere completamente: l\u2019appartenenza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Perch\u00e9 appartenere non avviene in una dogana, ma dopo: quando una strada comincia a sembrarci familiare, troviamo lavoro, qualcuno impara il nostro nome o i nostri figli ricordano come infanzia ci\u00f2 che per noi era ancora un luogo straniero; forse anche quando vi seppelliamo i nostri morti. Per questo \u00e8 difficile guardare le tombe numerate di Ceuta senza tornare alla domanda con cui avevamo iniziato a Marsiglia: di chi \u00e8 una citt\u00e0?<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Forse abbiamo sbagliato a formularla, perch\u00e9 una citt\u00e0 non ha bisogno di avere un proprietario, ma di abitanti capaci di condividerla. <\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Questo non significa negare le frontiere, ignorare le leggi o pretendere che una comunit\u00e0 sopporti ci\u00f2 per cui non dispone di risorse; non significa neppure romanticizzare l\u2019immigrazione dalla comodit\u00e0 di chi non ha mai dovuto gestirne le conseguenze. Significa ricordare qualcosa di molto pi\u00f9 elementare: prima di essere una cifra, qualcuno aveva un nome.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Izzo ha scritto una Marsiglia che non ha mai finito di risolvere chi appartenesse completamente a essa, forse perch\u00e9 aveva compreso che le citt\u00e0 mediterranee si pongono questa domanda da secoli. Oggi Marsiglia \u00e8 a nord e Ceuta molto pi\u00f9 a sud; tra le due continua a esserci lo stesso mare, un mare che per secoli ha trasportato merci, lingue, guerre, famiglie, religioni, fughe e speranze da una sponda all\u2019altra, a volte unendo e altre volte separando, anche se forse la cosa pi\u00f9 profondamente mediterranea \u00e8 che tante volte abbia fatto entrambe le cose contemporaneamente.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Dopo aver chiuso&nbsp;<em>Total Kh\u00e9ops<\/em>, dunque, possiamo azzardare un\u2019ultima domanda: quanto tempo serve a uno sconosciuto per diventare uno dei nostri? Izzo non ha lasciato una risposta e Ceuta non pu\u00f2 ancora darcela; nel frattempo, il Mediterraneo continua a stare tra le due sponde e noi continuiamo a decidere da quale delle due vogliamo guardare.<\/h2>\n<\/div>\n<\/div>\n\n\n\n<div style=\"height:24px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image aligncenter size-large is-resized\"><a href=\"https:\/\/www.instagram.com\/doblemirada.es\/\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"818\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/doblemirada.es\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Screenshot-2026-09-21-alle-09.31.14-818x1024.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-1221\" style=\"width:358px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/doblemirada.es\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Screenshot-2026-09-21-alle-09.31.14-818x1024.png 818w, https:\/\/doblemirada.es\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Screenshot-2026-09-21-alle-09.31.14-240x300.png 240w, https:\/\/doblemirada.es\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Screenshot-2026-09-21-alle-09.31.14-768x961.png 768w, https:\/\/doblemirada.es\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Screenshot-2026-09-21-alle-09.31.14.png 844w\" sizes=\"auto, (max-width: 818px) 100vw, 818px\" \/><\/a><\/figure>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-buttons is-content-justification-center is-layout-flex wp-container-core-buttons-is-layout-0aa01211 wp-block-buttons-is-layout-flex\">\n<div class=\"wp-block-button\"><a class=\"wp-block-button__link wp-element-button\" href=\"https:\/\/doblemirada.es\/index.php\/segunda-mirada\/\">SEGUNDA MIRADA<\/a><\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00bfDe qui\u00e9n es una ciudad?&nbsp; DI CHI \u00c8 UNA CITT\u00c0? ESPA\u00d1OL Jean-Claude Izzo, Marsella y las fronteras de la pertenencia&nbsp; Marsella lleva m\u00e1s de dos mil a\u00f1os viendo llegar gente; tal vez por eso resulte dif\u00edcil explicar qui\u00e9n es verdaderamente de all\u00ed. 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