Francesco il primo italiano

Aldo Cazzullo

ESPAÑOL

En este ensayo nos adentramos a escudriñar la vida extraordinaria y sorprendente de San Francisco de Asís.

No solo su vida terrenal, su cotidianidad, sino, sobre todo, su obra, su testamento espiritual. Todas las enseñanzas y toda la sabiduría que lo completan. Su legado, que transciende todavía hoy a la humanidad desde hace ocho siglos.

Estos 800 años se conmemorarán el 3 de octubre del 2026, el día cuando acaeció su muerte en el año 1226. Aunque en el calendario litúrgico su fiesta o memoria se ubica para la celebración el 4 de octubre.

Fue el momento de su deceso en que hubo, según la tradición; de manera perceptible. El tránsito; la separación del alma que voló a la vida eterna desde su cuerpo mortal, corrupto y extinguible.

El ensayo comienza con la siguiente reflexión:

“Hace dos mil años tuvimos a Jesús, mil años antes, habíamos tenido a Buda. En el milenio sucesivo tuvimos a San Francisco”

Desde esta reflexión. El autor, vaticina acerca de los que nos espera en este milenio apenas comenzado. Lo cierto es, que sí no logramos, mínimamente, atenernos, adherirnos a los principios qué en vida San Francisco defendió como su baluarte. Si no seguimos, sus valores y sus enseñanzas: el amor por la naturaleza y el respecto por la dignidad humana podría ser, este, el último milenio de la tierra.

Cazzullo entra en el análisis de la espiritualidad, de los valores y principios: la ética trascendental del pensamiento de aquellos, que influyeron la humanidad. Buda, Jesús, Francisco. De estos tres titanes mortales, que transformaron, innovaron, cambiaron y revolucionaron el mundo de entonces y continúan a incomodar el mundo moderno y a los ciudadanos que lo habitan hoy.

Para entender mejor el paragón. El escritor nos aporta una breve biografía de Buda; Siddhartha. Él que a través de la meditación llegó a la Iluminación y conoció el Nirvana y con este la liberación del ciclo de la reencarnación. Transmitiendo a sus fieles seguidos, y a otros; la herencia de buscar y encontrar la espiritualidad que los lleve a el culmine de la paz y la concordia consigo mismo.

Cazzullo hace mención del escritor Herman Hesse, de nacionalidad alemana y suiza, que inmortalizo la vida y las enseñanzas de Siddhartha con un libro muy difundido, del mismo nombre. Él también escribió un libro dedicado a San Francisco.

“Un libro breve pero precioso que expresa la excepcionalidad de Francisco”, una vida extraordinaria, cómo al mismo tiempo, la de Buda y la de Jesús.

Hesse será un referente durante muchos momentos de la argumentación. Así como Chiara Mercuri.

Para entrar de lleno en el tema que nos atañe. San Francisco el primer italiano. Hago un paréntesis. De manera escueta abro un preámbulo, para hacer un compendio de informaciones que se hallan diseminadas dentro del texto, acerca de la situación: socioeconómica, cultural y política para la época en la cual el fraile que se casó con la hermana pobreza, recorría caminando calles, bosques y montañas en compañía de la Santa Alegría.

Fue en Asís; situada en la región de Umbría de la Italia central. La tierra que vio nacer a Francisco, entre el año 1181 o 1182

Para la época; finales del siglo XII y principios del XIII, en plena edad media, Asís se conformaba de la siguiente manera:

En el ámbito socioeconómico, se vivió, entonces, una profunda transformación económica marcada por el surgimiento de una nueva y pudiente clase social, alimentada por el comercio interior y exterior: la burguesía.

De la otra parte estaba la antigua nobleza; terratenientes feudales. Y por el otro lado; crecía la desigualdad urbana, el pueblo pobre integrado por los artesanos, los jornaleros y los desempleados del campo. Y la última categoría, a la cual Francisco se afilió de forma voluntaria, la integraban; los leprosos, los tullidos y enfermos. Los últimos de la sociedad.

En el ámbito cultural, se regía por lo caballeresco y lo trovadoresco: Predominaban los ideales de la caballería, las gestas heroicas y la poesía provenzal.

En el ámbito político. Asís luchaba por su autonomía, en una constante guerra, cómo comuna frente al dominio del Sacro Imperio Romano Germánico. Se enfrentamientos bélicos eran repetidos, por la hegemonía regional, contra Perugia y otras comunas. Tiempo también de la Cruzadas a la conquista de Jerusalén.

Ya ubicados en pleno medioevo podemos internarnos a desgranar las valiosas informaciones que nos aporta el estudio de Cazzullo.

El ensayo nos invita a descubrir el verdadero Francisco, que en realidad se llamaba Giovanni di Pietro di Bernardone, ese fue el nombre de pila que le dio su madre al nacer. Su padre se encontraba de viaje de negocio en Francia, en dónde se centraba las ventas de su negocio de telas, al regresar, lo llamara afectivamente y popularmente Francesco: el pequeño francesito. Un nombre casi inventado por el padre.

Francisco crece hablando la lengua franceses, leía poesía en esa lengua y sus primeras predicas las concibió en ese idioma.

Para Cazzullo. San Francisco es el primer italiano porque representa fundamentalmente la identidad de Italia, Es el padre espiritual de los italianos, y es considerado tradicionalmente el primer poeta en escribir un texto de inspiración artística conocido en lengua vulgar italiana (en dialecto romance umbro): el famoso Cántico de las criaturas (Canticum Creaturarum o Cántico del hermano sol), compuesto alrededor de 1224.

Además, ha inventado, en la localidad de Greggio, la representación del nacimiento de Jesús, del niño Dios, a través de una alegoría espiritual y visual con el nombre de Pesebre. Lo que en España llaman: Belén y en la América latinas llaman Nacimiento. Este ícono a llegado a nuestros días, cómo símbolo de júbilo, como un sello que identifica y da identidad al catolicismo para miles de familia en el mundo entero.

También, es el primer italiano, porque su obra, su ejemplo, ha inspirado, las Bellas Artes: el teatro, el cine, la poesía, la pintura: Vale mencionar los personajes italianos que hicieron y conformaron la historia de Italia, Estos eran terciario, laicos o sacerdotes Franciscanos: Giotto, Dante, Petrarca, Boccaccio, Tasso, Cristoforo Colombo, Galileo Galilei. Y tantos otros de todas las épocas.

Giotto, gracias a su particular manera de representa las imágenes, con su nueva forma de pintar abre las puertas al renacimiento pictórico en la localidad de Florencia.

Y, todo esto lo sustenta en sus argumentaciones Cazzullo.

Francisco, tenía 24 años de edad cuando experimentó su conversión definitiva y renunció a los bienes de su familia, así como a pertenecer a su clase social y a los privilegios que le otorgaba la misma, en el año 1206. Con una acción radical y determinante. Se despojó de sus ropas ante el obispo y su padre; Pietro Barnardone en plena plaza pública delante de todos.

“Luego me quedé un rato y dejé el mundo”.

Y, después se fue a vivir con los leprosos.

Aunque su proceso espiritual e interior comenzó antes de efectuar ese acto, comenzó tras experimentar el cautiverio y la enfermedad.

Su primera experiencia sobrenatural la tuvo, en la iglesia de San Damían, orando ante el crucifijo, este le hablo a Francisco.

“El cristo le dijo: “Repara mi casa”

Y desde ese momento comenzará su gran obra.

Cazzullo a través de su investigación. Destapa, “pro omni populo”, para, el conocimiento de todo el pueblo el verdadero Francisco.

De ese Francisco, que por intereses ambiguos y por parte de distintos frentes. Logran hacerlo permanecer, por un tiempo, oculto, No querían divulga su hazaña, su auténtico ser, su alma genuina. La esencia de su legado.

No era conveniente ni para entonces, ni para ahora: acepta que un único hombre hubiese podido transformar el sistema constituido, pudiese aupar que tantos otros los siguieran, pudieran amar y abrazar los desechos que el sistema aislaba.

No era conveniente que se supiera que un hombre normal: de carne y hueso, haya podido comente semejante gesta, semejante heroicidad. No se podía permitir entonces, el contagio de ese virus; a los demás integrantes de la sociedad: esos: de la solidaridad, de la igualdad social, de la renuncia, de la alegría, de la humildad y de todo lo que encierra la palabra magnánimo.

Francisco era un bicho raro, para la sociedad de ayer; al igual que para la sociedad de hoy. Es uno que quiere poner en práctica las palabras de Jesús el misericordiosos, el caritativo, el buen pastor, el pan de vida. El de amor y la igualdad, el de la palabra y no la guerra. El original, el puro.

Su biografía la reescribieron una y otra vez hasta qué quedó mutilada, disminuida, transformada para que se ajustara a los intereses del poder.

La biografía oficial escrita por el ambiguo Bonaventura; prácticamente desaparece Santa Clara, amiga fiel y seguidora obediente de Francisco. Otra gran santa italiana, otra revolucionaria.

De Francisco casi o lo más destacado de su historia como fraile y toda su obra en busca de la justicia; anulada. A Francisco viene convertido en un santo con los estigmas de Cristo. Para la Gloria de Dios.

Y hasta allí podían llegar. Le quita, lo despojaron totalmente de la categoría de hombre que tenía un sueño para crear una nueva comunidad una nueva sociedad.

Francisco el original se convirtió en una urticaria para el poder de la Iglesia, para el poder político, para orden social. Porque su visión era y fue, la de construir una comunidad en la cual todos fueran iguales: nobles y plebeyos, hombres y mujeres. Quería que todos vivieran como los pájaros del cielo, libres de cualquier posesión, confiando solo en la generosidad de Dios y de los hombres.

“La inseguridad del mañana es la más grande seguridad, porque la precariedad consiste en la máxima libertad”.

Eso proclamaba el hombre, que era también santo.

Lo que lo convirtió en una amenaza para el poder de entonces.

Cazzullo explora, examina y reconoce al verdadero Francisco converso. Un joven delgado, no muy agraciado, de piel oscura y orejas prominentes. De barba escasa y de aspecto andrajoso. Un joven alegre, espiritual, altruista, magnánimo, feminista, ecologista, pacifista. Pero sobre todo un hombre de carne y huesos. Que amaba la viva y toda la creación.

La imagen de la portada del libro se cree que es la más fiel representación del rostro de San Francisco. Es un fresco del Santo de Asís, pintado por Cimabue. Se encuentra en la Basílica de Asís

La inspiración de su primera predica, la que le señalará el camina de comunicar el evangelio a todos los pueblos del mundo. Se la indica una homilía, durante una misa que escucho en la famosa y santa Porziuncola.

Era la lectura de Mateo 10:9.

“No lleven oro ni plata ni cobre, ni provisiones para el camino. No lleven ropa de repuesto ni sandalias ni bastón, porque el obrero es digno de su alimento”

Todo el versículo 10 de Mateo lo transforma, lo llena de alegría porque entiende que ese es el camino a seguir.

Todavía habría muchísimo más, que comenta acerca de este ensayo: las 263 páginas están divididas en 12 capítulos que siguen una cronología de las decisiones y de las consecuencias en la vida de Francisco hasta su muerte y después de ella: las traiciones, las intrigas y las divisiones que sufrió su movimiento, las diversas interpretaciones de su legado. Llamada hoy: La Orden Franciscana.

Está escrito con un lenguaje simple, cotidiana, es una conversación entre el escritor y el lector, fácil de leer, muy ligero, pero sin embargo transmite al lector la síntesis de lo que quiere dar a conocer. El verdadero Francisco.

La otra mirada que puedo hacer de este trabajo limpio y bien documentado. Es, que el escritor Aldo Cazzullo, a través de su pluma ligera ahonda profundamente en las estratagemas del poder tanto eclesiástico, político como social de entonces, para cambiar la historia real por una que se ajustará más a sus requerimientos, al fin que le conviniese a sus intereses.

Para la iglesia de entonces era subversivos los temas que tocaba Francisco: igualdad entre hombres y mujeres; todo lo que quería enseñas era inadmisible.

Era más fácil transformar a Francisco en un ente espiritual, que su obra quedara encerrada con la frase “inalcanzable por ningún hombre” Solo un santo podría llevar a cabo semejante proeza. Y, así dejar que el pueblo se perdiera en anonadarse e iluminación con las historias de los milagros y no pensará en la heroica decisión de un solo hombre que quiso cambiar los valores morales y sociales, el sistema económico. En fin, crear un nuevo mundo besado en un nuevo paradigma de amor y paz.

Concluyo con el saludo Franciscano,

Paz y bien.

ITALIANO

In questo saggio ci addentriamo nell’esplorazione della vita straordinaria e sorprendente di San Francesco d’Assisi.

Non solo la sua vita terrena, la sua quotidianità, ma, soprattutto, la sua opera, il suo testamento spirituale. Tutti gli insegnamenti e tutta la saggezza che lo completano. La sua eredità, che ancora oggi, dopo otto secoli, trascende l’umanità.

Questi 800 anni saranno commemorati il 3 ottobre del 2026, il giorno in cui avvenne la sua morte nell’anno 1226. Anche se nel calendario liturgico la sua festa o memoria viene celebrata il 4 ottobre.

Fu nel momento della sua morte che ci fu, secondo la tradizione, in maniera percepibile, il transito; la separazione dell’anima che volò verso la vita eterna dal suo corpo mortale, corruttibile ed estinguibile.

Il saggio inizia con la seguente riflessione:

“Duemila anni fa abbiamo avuto Gesù, mille anni prima avevamo avuto Buddha. Nel millennio successivo abbiamo avuto San Francesco”.

Partendo da questa riflessione, l’autore fa una previsione riguardo a ciò che ci aspetta in questo millennio appena iniziato.

La verità è che, se non riusciremo, almeno minimamente, ad attenerci, ad aderire ai principi che San Francesco difese in vita come suo baluardo, se non seguiremo i suoi valori e i suoi insegnamenti: l’amore per la natura e il rispetto per la dignità umana, questo potrebbe essere l’ultimo millennio della Terra.

Cazzullo entra nell’analisi della spiritualità, dei valori e dei principi: l’etica trascendentale del pensiero di coloro che hanno influenzato l’umanità. Buddha, Gesù, Francesco. Questi tre titani mortali, che trasformarono, innovarono, cambiarono e rivoluzionarono il mondo di allora e continuano a mettere in discussione il mondo moderno e i cittadini che lo abitano oggi.

Per comprendere meglio il paragone, lo scrittore ci offre una breve biografia di Buddha, Siddhartha. Colui che attraverso la meditazione arrivò all’Illuminazione e conobbe il Nirvana e, con questo, la liberazione dal ciclo della reincarnazione. Trasmettendo ai suoi fedeli seguaci, e ad altri, l’eredità della ricerca e della scoperta della spiritualità che li conduca al culmine della pace e della concordia con sé stessi.

Cazzullo fa riferimento allo scrittore Hermann Hesse, di nazionalità tedesca e svizzera, che immortalò la vita e gli insegnamenti di Siddhartha con un libro molto diffuso, dallo stesso nome. Egli scrisse anche un libro dedicato a San Francesco.

“Un libro breve ma prezioso che esprime l’eccezionalità di Francesco”, una vita straordinaria, come allo stesso tempo quella di Buddha e di Gesù.

Hesse sarà un riferimento durante molti momenti dell’argomentazione. Così come Chiara Mercuri.

Per entrare pienamente nel tema che ci riguarda: San Francesco, il primo italiano. Faccio una parentesi. In maniera concisa apro un preambolo, per fare un compendio delle informazioni che si trovano disseminate all’interno del testo, riguardo alla situazione socioeconomica, culturale e politica dell’epoca nella quale il frate che sposò sorella povertà percorreva camminando strade, boschi e montagne in compagnia della Santa Letizia.

Fu ad Assisi, situata nella regione dell’Umbria, nell’Italia centrale. La terra che vide nascere Francesco, tra l’anno 1181 o 1182.

Per l’epoca, tra la fine del XII secolo e l’inizio del XIII, in pieno Medioevo, Assisi si configurava nel modo seguente:

Nell’ambito socioeconomico, si visse allora una profonda trasformazione economica caratterizzata dalla nascita di una nuova e facoltosa classe sociale, alimentata dal commercio interno ed estero: la borghesia.

Dall’altra parte c’era l’antica nobiltà, i proprietari terrieri feudali. E dall’altro lato cresceva la disuguaglianza urbana, il popolo povero composto da artigiani, braccianti e disoccupati delle campagne. E l’ultima categoria, alla quale Francesco aderì volontariamente, era costituita da lebbrosi, storpi e malati. Gli ultimi della società.

Nell’ambito culturale, era governata da ciò che era cavalleresco e trovadorico: predominavano gli ideali della cavalleria, le gesta eroiche e la poesia provenzale.

Nell’ambito politico, Assisi lottava per la propria autonomia, in una guerra costante, come comune, contro il dominio del Sacro Romano Impero Germanico. Gli scontri bellici erano ripetuti, per l’egemonia regionale, contro Perugia e altri comuni. Era anche il tempo delle Crociate per la conquista di Gerusalemme.

Una volta collocati pienamente nel Medioevo, possiamo addentrarci nel dettagliare le preziose informazioni che ci offre lo studio di Cazzullo.

Il saggio ci invita a scoprire il vero Francesco, che in realtà si chiamava Giovanni di Pietro di Bernardone. Questo fu il nome di battesimo che gli diede sua madre alla nascita. Suo padre si trovava in viaggio d’affari in Francia, dove si concentravano le vendite della sua attività di tessuti. Al ritorno, lo chiamerà affettuosamente e popolarmente Francesco: il piccolo francesino. Un nome quasi inventato dal padre.

Francesco cresce parlando la lingua francese, leggeva poesia in quella lingua e concepì le sue prime prediche in questo idioma.

Per Cazzullo, San Francesco è il primo italiano perché rappresenta fondamentalmente l’identità dell’Italia. È il padre spirituale degli italiani ed è considerato tradizionalmente il primo poeta a scrivere un testo di ispirazione artistica conosciuto in lingua volgare italiana, nel dialetto romanzo umbro: il famoso Cantico delle creature (Canticum Creaturarum o Cantico di Frate Sole), composto intorno al 1224.

Inoltre, ha inventato, nella località di Greccio, la rappresentazione della nascita di Gesù, del bambino Dio, attraverso un’allegoria spirituale e visiva con il nome di Presepe. Quello che in Spagna chiamano Belén e in America Latina chiamano Nacimiento. Questa icona è arrivata fino ai nostri giorni come simbolo di gioia, come un sigillo che identifica e dà identità al cattolicesimo per migliaia di famiglie in tutto il mondo.

È inoltre il primo italiano perché la sua opera, il suo esempio, hanno ispirato le Belle Arti: il teatro, il cinema, la poesia, la pittura. Vale la pena menzionare i personaggi italiani che hanno fatto e costituito la storia d’Italia. Questi erano terziari, laici o sacerdoti francescani: Giotto, Dante, Petrarca, Boccaccio, Tasso, Cristoforo Colombo, Galileo Galilei. E tanti altri di tutte le epoche.

Giotto, grazie al suo particolare modo di rappresentare le immagini, con la sua nuova forma di dipingere apre le porte al Rinascimento pittorico nella città di Firenze.

E tutto questo Cazzullo lo sostiene nelle sue argomentazioni.

Francesco aveva 24 anni quando sperimentò la sua conversione definitiva e rinunciò ai beni della sua famiglia, così come all’appartenenza alla sua classe sociale e ai privilegi che essa gli concedeva, nell’anno 1206.

Con un’azione radicale e determinante, si spogliò dei suoi abiti davanti al vescovo e a suo padre, Pietro Bernardone, in piena piazza pubblica davanti a tutti.

“Poi rimasi per un po’ e lasciai il mondo”.

E, dopo, andò a vivere con i lebbrosi.

Sebbene il suo processo spirituale e interiore fosse iniziato prima di compiere quell’atto, iniziò dopo aver sperimentato la prigionia e la malattia.

La sua prima esperienza soprannaturale la ebbe nella chiesa di San Damiano, pregando davanti al crocifisso. Questo parlò a Francesco.

“Il Cristo gli disse: ‘Ripara la mia casa’”.

E da quel momento inizierà la sua grande opera.

Cazzullo, attraverso la sua ricerca, svela “pro omni populo”, per la conoscenza di tutto il popolo, il vero Francesco.

Quel Francesco che, per interessi ambigui e da parte di diversi fronti, riuscirono a mantenere, per un certo periodo, nascosto. Non volevano divulgare la sua impresa, il suo essere autentico, la sua anima genuina. L’essenza della sua eredità.

Non era conveniente né allora né oggi accettare che un unico uomo fosse riuscito a trasformare il sistema costituito, potesse incoraggiare tanti altri a seguirlo, potessero amare e abbracciare gli scarti che il sistema isolava.

Non era conveniente che si sapesse che un uomo normale, di carne e ossa, fosse riuscito a compiere un’impresa simile, un’eroicità simile. Non si poteva permettere allora il contagio di questo virus agli altri membri della società: quello della solidarietà, dell’uguaglianza sociale, della rinuncia, della gioia, dell’umiltà e di tutto ciò che racchiude la parola magnanimo.

Francesco era un tipo strano per la società di ieri, così come per la società di oggi. È uno che vuole mettere in pratica le parole di Gesù misericordioso, caritatevole, il buon pastore, il pane della vita. Quello dell’amore e dell’uguaglianza, quello della parola e non della guerra. L’originale, il puro.

La sua biografia fu riscritta una volta dopo l’altra, fino a quando rimase mutilata, diminuita, trasformata affinché si adattasse agli interessi del potere.

La biografia ufficiale scritta dall’ambiguo Bonaventura praticamente fa scomparire Santa Chiara, amica fedele e seguace obbediente di Francesco. Un’altra grande santa italiana, un’altra rivoluzionaria.

Di Francesco, quasi tutto ciò che era più importante della sua storia come frate e tutta la sua opera alla ricerca della giustizia venne cancellato. Francesco viene trasformato in un santo con le stigmate di Cristo. Per la Gloria di Dio.

E fino a lì potevano arrivare. Gli tolgono, lo spogliano totalmente della categoria di uomo che aveva un sogno per creare una nuova comunità, una nuova società.

Francesco, quello originale, divenne un’orticaria per il potere della Chiesa, per il potere politico, per l’ordine sociale. Perché la sua visione era ed è quella di costruire una comunità nella quale tutti fossero uguali: nobili e plebei, uomini e donne.

Voleva che tutti vivessero come gli uccelli del cielo, liberi da qualsiasi possesso, confidando solo nella generosità di Dio e degli uomini.

“L’insicurezza del domani è la più grande sicurezza, perché la precarietà consiste nella massima libertà”.

Questo proclamava l’uomo, che era anche santo.

Ciò lo trasformò in una minaccia per il potere dell’epoca.

Cazzullo esplora, esamina e riconosce il vero Francesco convertito. Un giovane magro, non molto avvenente, dalla pelle scura e dalle orecchie prominenti. Dalla barba rada e dall’aspetto trasandato.

Un giovane allegro, spirituale, altruista, magnanimo, femminista, ecologista, pacifista. Ma soprattutto un uomo di carne e ossa. Che amava la vita e tutta la creazione.

L’immagine della copertina del libro è ritenuta la rappresentazione più fedele del volto di San Francesco. È un affresco del Santo di Assisi, dipinto da Cimabue. Si trova nella Basilica di Assisi.

L’ispirazione della sua prima predica, quella che gli indicherà la strada per comunicare il Vangelo a tutti i popoli del mondo, gli viene indicata da un’omelia, durante una messa che ascoltò nella famosa e santa Porziuncola.

Era la lettura di Matteo 10:9.

“Non portate oro né argento né rame, né provviste per il cammino. Non portate abiti di ricambio né sandali né bastone, perché l’operaio è degno del suo nutrimento”.

Tutto il versetto 10 di Matteo lo trasforma, lo riempie di gioia perché comprende che quella è la strada da seguire.

Ci sarebbe ancora moltissimo da dire su questo saggio: le 263 pagine sono divise in 12 capitoli che seguono una cronologia delle decisioni e delle conseguenze nella vita di Francesco fino alla sua morte e dopo di essa: i tradimenti, gli intrighi e le divisioni che subì il suo movimento, le diverse interpretazioni della sua eredità. Chiamata oggi: l’Ordine Francescano.

È scritto con un linguaggio semplice, quotidiano, è una conversazione tra lo scrittore e il lettore, facile da leggere, molto leggero, ma tuttavia trasmette al lettore la sintesi di ciò che vuole far conoscere. Il vero Francesco.

L’altra riflessione che posso fare su questo lavoro, pulito e ben documentato, è che lo scrittore Aldo Cazzullo, attraverso la sua penna leggera, approfondisce le strategie del potere sia ecclesiastico, politico che sociale dell’epoca, per cambiare la storia reale con una che si adattasse maggiormente alle sue esigenze, al fine di favorire i suoi interessi.

Per la Chiesa di allora erano sovversivi i temi che Francesco affrontava: l’uguaglianza tra uomini e donne; tutto ciò che voleva insegnare era inammissibile.

Era più facile trasformare Francesco in un essere spirituale, affinché la sua opera rimanesse racchiusa nella frase “irraggiungibile da qualsiasi uomo”. Solo un santo avrebbe potuto compiere una simile impresa.

E così lasciare che il popolo si perdesse nello stupore e nell’illuminazione attraverso le storie dei miracoli e non pensasse alla decisione eroica di un solo uomo che volle cambiare i valori morali e sociali, il sistema economico.

In definitiva, creare un nuovo mondo basato su un nuovo paradigma di amore e pace.

Concludo con il saluto francescano,

Pace e bene.

Francesco il primo italiano